Esta Pandemia que nos está tocando vivir está cambiando la forma en la que hacemos muchas de las cosas de nuestra vida cotidiana.

Desde el trabajo remoto fuera de la oficina sin necesidad de ocupar físicamente nuestra silla a solicitar nuestra lista de la compra a través de tiendas en línea, ha cambiado la forma de hacer numerosas tareas gracias a la informática. En muchas ocasiones ya existía la posibilidad, pero la necesidad ha avocado a su uso de forma masiva.

El estado de alarma nos pilló a todos de improviso. Según las Autoridades y Organismos involucrados tomaban decisiones sobre que podíamos o no hacer, fueron cayendo del calendario todos los eventos que supusieran aglomeraciones y riesgo de contagio masivo. Las actividades deportivas tanto en recintos cerrados como al aire libre se empezaron a suspender y las carreras tanto profesionales como populares no fueron una excepción.

Muchos corredores profesionales y amateurs vieron como tanto sus aspiraciones y planes de entrenamiento se truncaron. Tras la incertidumbre inicial la tecnología volvió a ayudarnos en forma de clases virtuales. El trabajo se había trasladado a nuestro salón de casa y porque no, el entrenador de la sala de fitness era ahora a través de nuestra teléfono, nuestro profesor a domicilio. En unos casos con franjas horarias establecidas como en los centros deportivos y en otros, a consumir en el momento que uno desee, con clases grabadas.

Ha sido cuestión de tiempo que tanto las empresas que tradicionalmente organizaban eventos deportivos como nuevas surgidas en este momento de crisis empiecen a ofertar carreras virtuales.

Pensándolo bien el sistema es sencillo. El procedimiento de inscripción es el mismo, que antes de la Pandemia. Los corredores disponen de dispositivos y apps que permiten el registro del itinerario realizado y al finalizar o a través de una aplicación específica o compartiendo el resultado de nuestro recorrido el círculo se cierra, con el registro de las carreras de todos los participantes y publicación de resultados finales.

La experiencia no es exactamente la misma para el participante, que compite contra sí mismo y esto para muchos es un hándicap. No existe el ambiente de carrera, boxes, avituallamiento, entrada en meta… pero es lo más parecido a la Vieja Normalidad.

Como es lógico el coste de la infraestructura y logística se reduce al mínimo no existiendo muchas veces premios, ni regalo conmemorativo y en ocasiones ni dorsal… Por eso muchas aprovechan para que parte del menor coste de inscripción vaya destinado a causas solidarias o benéficas, lo cual puede ser motivador para muchos deportistas que ya se calzaban las zapatillas por el mero placer de realizar una actividad saludable.